
La Operación Míster: cuando los servicios de inteligencia participaron en el golpe del 23F
Seis miembros de la AOME del CESID participaron activamente en el golpe. Al día siguiente, activaron una operación de encubrimiento para borrar sus huellas.
Contexto y fuentes
El 25 de febrero de 2026, el Consejo de Ministros de España desclasificó 167 documentos sobre el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Ese mismo día murió Antonio Tejero Molina a los 93 años.
Este episodio analiza el documento “Algunos datos para una crónica de un golpe anunciado”: citas textuales publicadas entre mayo de 1980 y febrero de 1981 en revistas militares que muestran diez meses de escalada retórica hacia el golpe.
Documentos mencionados
- “Algunos datos para una crónica de un golpe anunciado”
- “Índices de subversión en las FAS” (diciembre 1981)
- Documento n.º 5: planificación manuscrita del golpe (1980)
Nombres clave
- Antonio Tejero Molina — Teniente coronel, Guardia Civil
- Los Almendros — Seudónimo colectivo, tres textos (dic 1980 – feb 1981)
- General Carlos Iniesta — “La paciencia tiene un límite”
- Operación Galaxia (1978) — Intento previo de tomar La Moncloa
Transcripción completa
Transcripción completa
Son las siete y media de la tarde del veintitrés de febrero de mil novecientos ochenta y uno. Mientras España entera contiene la respiración frente a la radio, un Cabo Primero de la Guardia Civil llamado Rafael Monge Segura va en un coche por las calles de Madrid. No va solo. A su lado, un sargento llamado Parra conduce en silencio.
Monge está temblando. Le tiemblan las manos. Le tiembla la voz.
Y entonces, sin que nadie se lo pida, empieza ahablar: "Si tú supieras lo que ha pasado... no lo digas, por favor..."
Lo que el Cabo Monge le confiesa al Sargento Parra en ese coche, esa noche, es el secreto más peligroso de la democracia española.
Porque Rafael Monge Segura no es un guardia civil cualquiera. Es un agente de la AOME. La Agrupación Operativa de Misiones Especiales. La unidad de operaciones encubiertas del CESID, el servicio de inteligencia militar español.
Y lo que acaba de hacer no se lo ordenó ningún golpista. Se lo ordenó su capitán. Dentro de la propia estructura de inteligencia del Estado.
Episodio tres: La Operación Míster. En el episodio anterior vimos las dieciocho horas del golpe desde el Palacio de la Zarzuela. El relato oficial del CESID. Las llamadas del Rey, las órdenes tajantes a Milans del Bosch, la noche interminable. Ese relato termina con la democracia salvada. Fin. Aplausos. Pasemos página.
Pero antes de pasar esa página, hay que hacerse una pregunta que nadie quería hacerse: ¿Qué estaba haciendo el CESID mientras todo eso ocurría?
Porque, como vamos a ver hoy, el CESID hizo dos cosas aquella noche. Dos cosas que no deberían poder coexistir. Y sin embargo, coexistieron.
Empecemos por la versión oficial. El Documento treinta y cuatro, desclasificado en febrero de dos mil veintiséis, se titula: "Actuación del CESID ante la situación provocada por los incidentes en el Congreso." Es el informe institucional. Lo que el CESID quería que constara en el registro.
Y dice cosas impresionantes. Cosas que, si las lees sin contexto, pintan a un servicio de inteligencia modélico.
El CESID montó, desde los primeros momentos, un Centro de Operaciones. Activó la Alerta Verde en toda su estructura. Desplegó agentes informativos en todas las carreteras de acceso a Madrid. Estableció enlaces con la Dirección General de la Guardia Civil, con Capitanía General, con el Estado Mayor del Ejército.
Y hay un detalle extraordinario. Dos directivos del CESID, dos, lograron entrar en el Congreso durante la ocupación. Hablaron con Tejero, con Menéndez, con Pardo Zancada. Intentaron disuadirlos. Les presentaron las circunstancias atenuantes que obtendrían si cesaban en su actitud.
El documento dice textualmente: "Se supo enseguida que el núcleo verdaderamente comprometido era una minoría, y el resto habían ido engañados."
El CESID informó a la Junta de Jefes de Estado Mayor en tiempo real. Recomendó que la autoridad militar emitiera un comunicado tranquilizador. Sugirió acción psicológica sobre los guardias civiles dentro del Congreso, informándoles de que el resto de España estaba en calma, de que la sublevación había fracasado.
Si la historia terminara aquí, el CESID sería el héroe silencioso del veintitrés F. El servicio de inteligencia que funcionó cuando todo lo demás se tambaleaba. Pero la historia no termina aquí.
Porque existe otro documento. El Documento treinta y cinco. Y lo que revela ese documento me cambió la manera de entender todo el golpe. Todo. Para siempre.
El Documento treinta y cinco se titula: "Informe sobre la participación de miembros de la AOME del CESID en los hechos del veintitrés de febrero de mil novecientos ochenta y uno."
Cuando leí ese título por primera vez, tuve que parar. Releerlo. Y releerlo otra vez. Informe sobre la participación de miembros del CESID en los hechos del veintitrés de febrero. No sobre la actuación. No sobre la respuesta. Sobre la participación.
El primer párrafo dice lo siguiente. Y lo voy a leer textual porque cualquier paráfrasis le quitaría fuerza.
"De las investigaciones realizadas se ha podido comprobar que algunos miembros de esta Unidad participaron activamente en los hechos del veintitrés de febrero. Esta participación se concreta en número de seis personas que o bien conocían los hechos antes del veintitrés o que planificaron un apoyo operativo que lo llevaron a efecto y que posteriormente trataron de encubrir su participación activando una operación que justificara sus movimientos del día veintitrés."
Seis personas. Seis miembros de la unidad de operaciones encubiertas del servicio de inteligencia español. Participaron activamente en el golpe de Estado. No al margen. No como observadores. Activamente. Y después, activaron una operación para encubrirlo.
Déjame ponerte nombres a esas seis personas. Porque ya no son números en un documento. Son personas reales que tomaron decisiones reales.
El Capitán Francisco García Almenta. Segundo jefe de la AOME. Fue quien dispuso los medios. Emisoras, receptores, vehículos con placas falsas. Los distribuyó entre sus subordinados para apoyar la columna que se dirigió al Congreso.
El Capitán Vicente Gómez Iglesias. Jefe de un Grupo Operativo. Se mantuvo en contacto con García Almenta y, según el informe, "dirigió al Cabo Rafael Monge en la marcha hacia el Congreso."
El Sargento Miguel Sales Maroto. Realizó misiones de control en la zona del Congreso. El Cabo Rafael Monge Segura. El hombre nervioso del coche. Jefe de la Sección Especial de Agentes. Sirvió de enlace con la Guardia Civil. El Cabo José Moya Gómez. También realizó misiones de control en la zona.
Y luego está el sexto nombre. El más importante de todos. El Comandante José Cortina Prieto. Jefe de la AOME. El jefe de toda la unidad.
Sobre Cortina, el informe dice algo que me heló la sangre. Dice: "No está comprobado que lo supiera, pero hay indicios de que así fuera." Esa frase, en lenguaje de inteligencia, significa exactamente lo que imaginas.
Ahora viene lo que de verdad me puso los pelos de punta cuando leí estos documentos. No son solo los nombres. Es lo que hicieron. Los detalles concretos. La planificación.
García Almenta no dio una orden abstracta. La mañana del veintitrés, entre las diez y las once, llamó a la Escuela de la AOME y ordenó que se entregaran tres coches con placas falsas y varias radios portátiles, con frecuencias distintas a las habituales de los grupos operativos. Para que no pudieran ser rastreadas.
A mediodía, Monge, Miguel Sales y Moya recogieron ese material en la Escuela. Tres coches. Tres radios. Placas falsas. Material de inteligencia profesional, no equipamiento de un golpe amateur.
Y Gómez Iglesias, que oficialmente estaba haciendo un curso de Tráfico de la Guardia Civil y no fue a clase ese día por "un cólico nefrítico", llamó a Monge a la una y media del mediodía para que lo llevara al Parque de Automovilismo de la Guardia Civil. El mismo lugar donde se estaban preparando los autobuses que llevarían a los guardias al Congreso.
Pero lo más revelador no está en el informe oficial. Está en las declaraciones internas. En lo que los propios miembros de la AOME declararon cuando se les investigó semanas después.
Existe un documento extraordinario dentro de esta desclasificación. Es la investigación interna ordenada por la Dirección del CESID, con carácter "no judicial", para aclarar lo que había ocurrido en la AOME el veintitrés de febrero. Un coronel fue designado como investigador. Entrevistó a los implicados uno por uno. Las declaraciones están incluidas en el Documento siete. Y son un thriller en sí mismas.
Empecemos por la declaración del Sargento Primero Parra. El hombre que iba conduciendo el coche aquella noche con Monge al lado.
Parra declaró lo siguiente. Cuando llevó a Monge a la Sección Especial de Agentes, poco después de salir de la base, Monge le dijo: "Si tú supieras lo que ha pasado... no lo digas, por favor..." Contó que venía del Congreso porque había estado de contacto con el Capitán Muñecas, con el que había estado enlazado por radio y que los había llevado al Congreso. Las radios utilizadas eran las de la Casa.
Las radios utilizadas eran las de la Casa." La Casa. El CESID.
Pero Parra contó más. Mucho más. Contó que Monge le dijo que lo sabía desde la semana anterior. Que el viernes veinte de febrero, tres días antes del golpe, había habido una reunión. García Almenta se había reunido con Miguel Sales y con Monge. Les había dado instrucciones para conducir autobuses de guardias civiles al Congreso.
Y que anteriormente, Monge había actuado como enlace con el Capitán Muñecas, de la Guardia Civil.
Enlace. La palabra técnica de inteligencia. La AOME había servido de enlace logístico entre los golpistas de la Guardia Civil y la columna que asaltó el Congreso. Con radios del CESID. Con coches del CESID. Con placas falsas del CESID.
Ahora, cuando el investigador interrogó directamente a Monge, este lo negó todo. Dijo que sus comentarios en el coche habían sido producto "de su estado de ánimo y de su fantasía, de la excitación y euforia."
Pero el investigador anotó algo demoledor. Monge no solo le había dicho todo eso a Parra. También se lo había dicho al Capitán de Aviación Rubio, el director de la Escuela.
Rubio declaró que cuando fue a buscar un conductor para ir a la base, encontró a Monge "todo nervioso." Fueron juntos en el coche, los dos solos. Y en el camino, Monge le dijo: "Los que están dentro son unos incompetentes y por su causa han muerto muchos de mis compañeros."
Y luego, Rubio declaró que Monge le dijo algo que quedó grabado palabra por palabra en la investigación: "Hemos llevado a las fuerzas."
"Hemos llevado a las fuerzas." O, en otra versión que Rubio también recordaba: "Íbamos con las fuerzas." Y después añadió: "Si se sabe algo, García Almenta lo mata."
Cuando leí esa frase, se me pusieron los pelos de punta. "Si se sabe algo, García Almenta lo mata." No es una metáfora. Es una amenaza real dentro de una unidad de operaciones encubiertas.
Y Monge añadió algo más: que se lo habían ordenado, pero que le habían dejado libertad de aceptar. Libertad de aceptar. Como si participar en un golpe de Estado fuera una misión operativa más. Tómalo o déjalo.
Pero aquí viene la pieza más inquietante del rompecabezas. Porque cuando el Capitán Diego Camacho, de la Plana Mayor de la AOME, supo lo que Parra le había contado sobre Monge, hizo algo con esa información. Se lo contó al Capitán Carlos Guerrero, y entre ambos se lo hicieron llegar al Secretario General. Se reunieron con él a las ocho de la tarde del veintiséis de febrero, tres días después del golpe.
Y entonces el Comandante Cortina se enteró de que había una fuga. De que Parra sabía. Lo que pasó a continuación es exactamente lo que esperarías de una organización clandestina protegiendo a los suyos.
El informe AOME, el Documento treinta y cinco, describe lo que ocurrió al día siguiente del golpe fallido con una precisión que me quitó el sueño durante días.
"Fracasado el golpe de Estado. En la Unidad se dio orden de activar la Operación Míster, se corrigieron fechas, con lo que se justificaban los movimientos del personal de la Unidad el día veintitrés de febrero."
Leamos eso otra vez. Se corrigieron fechas. El CESID, la agencia de inteligencia del Estado español, falsificó documentos para encubrir la participación de sus propios agentes en un golpe de Estado contra la democracia.
La Operación Míster ya existía. Era una operación real, una misión de vigilancia de un individuo en la zona de la plaza de Oriente. Lo que hicieron fue retrotraer las fechas para que pareciera que los movimientos de Monge, de Miguel Sales y de Moya el día veintitrés habían sido parte de esa operación de vigilancia, y no lo que realmente fueron: apoyo logístico al golpe.
Los tres coches con placas falsas, las radios con frecuencias especiales, los turnos de "observación"... todo eso, al día siguiente, se convirtió oficialmente en la Operación Míster.
¿Y quién activó la cobertura? "El Comandante Cortina reunió el día veinticuatro al Capitán García Almenta, Sargento Sales Maroto y Cabo Monge Segura, para activar Operación Míster." El jefe de la AOME. En persona. Al día siguiente del golpe. Convocó a los implicados y fabricó la coartada.
Y las pruebas materiales también se destruyeron. En la Escuela de la AOME, Monge le dijo al mecánico que destruyera las placas falsas que llevaba el coche, "porque alguien le había visto cambiándolas el veintitrés por la mañana en la zona de El Pardo."
El día veinticuatro, entre las diez y las once de la mañana, García Almenta llamó a la Escuela pidiendo otros tres coches para la misma operación y ordenó que las placas fueran destruidas después "al igual que las del otro día." Al igual que las del otro día.
Hay un momento en la Escuela ese veinticuatro de febrero que captura toda la esquizofrenia de la situación. Alguien le dice al Sargento Miguel Sales: "vosotros que disteis el golpe." Y Miguel Sales contesta, tajante: "¡Ese tema no se toca ni de broma!"
Pero el encubrimiento no fue solo documental. Fue personal. Intimidatorio.
Cuando Cortina se enteró de que Parra sabía demasiado, convocó una reunión urgente con él. La entrevista se celebró en la cafetería Cuzco de Madrid. Según Parra, el tono fue extraño. Después de casi dos años sin que Cortina se interesara por él, de repente quería verlo con urgencia. Le alabó, le preguntó por seguridad, le pidió que confiara solo en él.
Parra declaró: "La entrevista resultó rara. En casi dos años no había habido cosa semejante y mucho menos la urgencia del planteamiento respondía al contenido. Quedé con la impresión de que se trataba de un chantaje."
Y a partir de ahí, las amenazas. Las amenazas reales. García Almenta le habló a Parra de "unas mezclas explosivas para colocar en el coche de algún hijo de puta." Y dejó de hablarle. Miguel Sales le aconsejó "marcharse de la AOME" en tono amenazador. Dejó de hablarle también. Otro miembro de la Sección Especial de Agentes le habló del "levantamiento de la veda algún día."
Mezclas explosivas. Levantamiento de la veda. Este era el vocabulario que se usaba dentro de los servicios de inteligencia del Estado español para amenazar a un compañero que sabía demasiado sobre la participación del propio servicio en un golpe de Estado.
Hay un detalle más que el Sargento Parra mencionó en su declaración y que parece menor, pero me inquieta. A los pocos días de todo esto, le pagaron cuarenta y dos mil pesetas por un trabajo realizado para ASEPRO el verano anterior. Otras cantidades similares se pagaron a otros participantes.
A Parra le extrañó "por el tiempo transcurrido, por el hecho mismo del pago y porque en Navidad ya les regalaron unas estatuillas de bronce dedicadas." Pagos inesperados. Después de los hechos. No consta si fue coincidencia o compensación. Pero Parra lo consideró lo suficientemente sospechoso como para declararlo.
Y ahora, la pregunta que llevo haciéndome desde que leí estos documentos por primera vez. La pregunta que me ha quitado el sueño. ¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible que la misma institución que participó en el golpe, lo ayudara a desactivar?
Porque eso es exactamente lo que ocurrió. El mismo día, a las mismas horas, el CESID estaba haciendo las dos cosas simultáneamente.
Mientras García Almenta distribuía radios y coches con placas falsas para apoyar a la columna de la Guardia Civil, la Dirección del CESID montaba un Centro de Operaciones para informar a la JUJEM.
Mientras Monge guiaba fuerzas hacia el Congreso, otros miembros del CESID entraban en el Congreso para intentar disuadir a los ocupantes.
Mientras Gómez Iglesias coordinaba movimientos desde el Parque de Automovilismo, el CESID recomendaba a la autoridad militar que aislara la zona del Congreso para evitar refuerzos a los sublevados.
El Documento treinta y cuatro y el Documento treinta y cinco describen dos realidades que coexisten en el mismo espacio y el mismo tiempo. Una institución del Estado con un pie en cada lado. Participando en el golpe y desactivándolo a la vez.
¿Fue una operación planificada así desde el principio? ¿El CESID tenía facciones enfrentadas? ¿La Dirección no sabía lo que hacía la AOME? ¿O sabía y lo toleró como una apuesta a dos bandas? Los documentos no responden esas preguntas.
Lo que sí nos dicen es el resultado. Y el resultado me parece escalofriante.
El informe del Documento treinta y cinco incluye un resumen final de las consecuencias para los implicados. De los once directivos de la AOME que estaban en la unidad el veintitrés de febrero...
Un capitán, Gómez Iglesias, fue procesado y condenado. Un comandante, Cortina, fue procesado y absuelto. Absuelto.
García Almenta, el que distribuyó las radios, los coches, las placas falsas... no fue procesado. Causó baja en el CESID y fue destinado al Estado Mayor Conjunto. Monge pasó destinado al Servicio de Información de la Guardia Civil. Miguel Sales fue destinado al DCI, otro departamento del CESID.
Otros cuatro agentes causaron baja en la unidad por "faltas de disciplina y lealtad con los nuevos mandos", al solidarizarse con los que habían sido dados de baja.
Y el propio informe lo explica: "Contribuyó a esto el que los agentes implicados estaban a órdenes directas del Capitán García Almenta y que los medios empleados se eligieron entre los que no son comunes al resto de la Unidad."
Compartimentación. La técnica básica de cualquier servicio de inteligencia. Los implicados operaban en un compartimento estanco. Con medios propios, frecuencias propias, cadena de mando propia. El resto de la AOME no sabía. O al menos, eso dice el informe.
Recapitulemos lo que sabemos ahora. Seis miembros de la AOME, la unidad de operaciones encubiertas del CESID, participaron activamente en el golpe del veintitrés F. Cuatro de ellos conocían los planes con antelación. Proporcionaron apoyo logístico real: emisoras, vehículos con placas falsas, enlace con la Guardia Civil.
Al día siguiente del fracaso, su jefe los reunió para activar una operación de encubrimiento: la Operación Míster. Se falsificaron fechas. Se destruyeron pruebas. Se amenazó al que sabía demasiado.
Y simultáneamente, el CESID como institución actuó para desactivar el golpe. Desplegó agentes, informó al mando militar, envió directivos al Congreso a negociar la rendición.
Pero hay algo más. Una línea al final del Documento treinta y cinco que pasaría desapercibida si no supieras lo que significa. Una línea que me hizo parar en seco cuando la leí.
La última frase del informe dice: "Se conocen contactos del Comandante Cortina con el Nuncio de Su Santidad y con el Embajador de Estados Unidos señor Todman en fechas previas al día veintitrés, según manifestó el Capitán Gómez Iglesias."
El jefe de la AOME, el hombre que activó la Operación Míster, el que fue procesado y absuelto, tenía contactos previos al golpe con el representante del Vaticano y con el embajador de Estados Unidos en España.
¿Qué sabían Washington y el Vaticano antes del veintitrés F? ¿Qué se estaba tanteando en esos contactos? ¿Y por qué José Cortina Prieto, con todo lo que los documentos revelan sobre su participación, fue absuelto?
En el próximo episodio de "23F: Los documentos secretos": "El juicio de los hombres." Treinta y tres procesados se sientan frente a un Consejo de Guerra. Las comisiones militares que asisten aplauden a los acusados. Los defensores protestan decenas de veces. Un panfleto anónimo aparece en los baños de la sala acusando de perjurio a generales y coroneles.
Y alguien escribe una frase que resume toda la tragedia de aquel juicio: "Se ha cambiado el solemne juicio de la Historia por el pequeño juicio de los hombres."
Los documentos hablan. Solo hay que saber escucharlos.
Veintitrés F: Los documentos secretos es una producción de SintetiCast. Este podcast ha sido guionizado, producido y publicado enteramente por inteligencia artificial.